jueves, 28 de octubre de 2010
VIDA Y OBRA DE FRANCISCO TOLEDO
Nació en 1940, en la localidad zapoteca de Juchitán de Zaragoza, tierra caliente del Istmo de Tehuantepec en el estado de Oaxaca.
Desde muy pequeño demostró habilidad para el dibujo. Su progenitor advirtió aquella temprana tendencia y permitió al niño dibujar sobre las paredes de la casa paterna.
Tuvo una infancia bastante trashumante. Vivió con su abuelo Benjamín, que era zapatero del pueblo de Ixtepec. También lo hizo en Asunción Ixtaltepec, y en Arriaga, Chiapas.
De su estancia en Ixtepec, Toledo ha recordado que salía al campo a buscar "gulabere", una resina vegetal con que se adherían las suelas y también que dormía entonces en un cuarto rodeado de hormas, plantillas y calzados por vender.
Esta experiencia tendrá claras manifestaciones en la obra del artista.
El abuelo era narrador y al parecer inundó su imaginación infantil con relatos populares donde abundaban los seres fantásticos entremezclados con toda clase de animales y personajes de leyenda.
Tal vez le haya referido entonces la más antigua tradición oral zapoteca: la leyenda de los "Binigulaza", míticos guerreros, sabios y protectores, que en la vejez adquirían mediante oraciones mágicas la capacidad de transformarse en animales.
Según éste relato, aquellos hombres sabios frente a la inminencia de la conquista española, antes que ser dominados prefirieron dispersarse, después de un baile ritual, llevándose con ellos, para preservarla, la tradición de su raza.
A los once años, el futuro artista se instala en la ciudad colonial de Oaxaca, capital del estado del mismo nombre, para cursar allí la escuela secundaria.
Oaxaca, ciudad fundada en 1529 es un crisol donde confluyen las tradiciones zapotecas y mixtecas representadas actualmente por 16 grupos culturales cada uno con su propia lengua y más de 200 dialectos. Cosmopolita y provinciana al mismo tiempo, recibe visitantes de todo el mundo atraídos por su increíble riqueza arqueológica y etnológica, pero mantiene un tranquilo aire de provincias y fuerte presencia de manifestaciones culturales locales.
Esta ciudad, dominada desde las alturas por las cercanas ruinas de Monte Albán, que recuerdan de modo imponente que aquí la civilización se ha desarrollado desde hace por lo menos tres mil años, fue el ambiente donde Francisco Toledo transcurrió su adolescencia.
Con posterioridad, se traslada a la ciudad de México donde asiste al Taller Libre de Grabado de la Escuela de Diseños y Artesanías.
En la gigantesca urbe, heredera de la tradición centralista de la gran Tenochtitlan, el joven estudiante oaxaqueño tal vez haya descubierto como el "guénda", ese "doble" u "otro yo" protector bajo la forma de un animal, con que nacen y son acompañados los zapotecas, se transformaba en el "nahual", su similar mexica.
En 1959 su obra es expuesta en ciudad de México y en Fort Worth, Tejas.
En 1960, a la edad de 20 años, Toledo viaja a Europa. Residirá en París los próximos cinco años. Durante 1963 realiza su primer muestra en una galería parisina.
En 1964 expone en Nueva York, Londres y Toulouse.
Regresa a México en 1965 trayendo consigo una depurada técnica pictórica y la probable influencia de ideas plásticas de diversos artistas de escuelas europeas, como Albrecht Durero, Paul Klee y Marc Chagall.
Desde entonces ha realizado innumerables exposiciones individuales y colectivas en México, Nueva York, Londres, París, Oslo, La Habana, Bogotá, Tokio, Kioto, Oaxaca y Juchitán. En 1980 el Museo de Arte Moderno de México organizó una gran exposición retrospectiva de su obra.
Trabaja en pintura, litografía, grabado, escultura en piedra, madera y cera, diseño de tapices que se realizan en el pueblo oaxaqueño de tejedores artesanos Teotitlán del Valle, cerámica y últimamente también el fresco. Su producción es enorme.
Fundó el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca y el Museo de Arte Moderno de Oaxaca y propició la restauración del emblemático monasterio donde funciona actualmente el Centro Cultural Santo Domingo, en la misma ciudad de Oaxaca.
El artista tiene una personalidad huraña y poco comunicativa. Prefiere permanecer aislado y alejado de la especulación que provoca la alta valoración de sus obras. Vive alternativamente en Paris, Nueva York, Ciudad de México, Oaxaca y Juchitán.
El mundo de las creaciones de Toledo es como podría uno imaginarse el mundo de las visiones de un brujo en trance. Una realidad distorsionada pero siempre bellísima, donde los elementos parecen ir gestando su propio ordenamiento y cuya perspectiva rara vez responde a los cánones tradicionales.
Los objetos reconocibles siempre aparecen envueltos en un clima inquietante y expansivo que invita al observador a trasportarse más allá del placer visual. Las explícitas referencias eróticas condicionan de tal modo a quien enfrenta su obra que llevan con frecuencia a imaginar que esas atmósferas cromáticas esconden un camino misterioso hacia el éxtasis.
Parecen la interpretación plástica de un mundo invisible que se esfuerza por volverse real a través de la maestría con que se materializa su creación.
El modo casi obsesivo con que el artista trabaja las texturas y el uso de materiales como la arena o el papel amate contribuyen decididamente a lograr estos notables resultados.
Con frecuencia, algo siempre emerge o está diluyéndose sobre el fondo de sus obras. Las formas se superponen y complementan y muchas veces sólo se aprecian profundizando la mirada y ordenando los elementos de un modo diferente. Las figuras entonces se disocian y recomponen forzadas por el punto de vista adquiriendo nuevo valor.
Ninguna representación suele ser totalmente humana o absolutamente animal. Como en una mitología fantástica estos seres se corporizan de modo diverso. Es un mundo de "chamucos" y "nahuales", es decir de individuos endemoniados y animales mágicos.
En algunas de sus pinturas los objetos "vibran" como si estuvieran poseídos por una fuerza o magnetismo intrínseco que los expande y los exalta. El resultado es el mensaje inquietante y extraño de que es posible percibirlos como seres vivos y que el artista es capaz de introducir al observador en esa visión.
Toledo alude a lo más profundo del alma humana. Como bajo la acción de un curandero oaxaqueño que mediante la "limpia" purifica el espíritu devolviendo al cuerpo su capacidad de pleno gozo, del contacto con su obra siempre se sale enriquecido.
Sus pinturas parecen ilustrar como los cuentos, pero están muy lejos de ser relatos ilustrados. Cumplen en si mismas la función profunda de los cuentos en las culturas de tradición oral, es decir representan la sabiduría popular expresada en mitos y creencias. Si son capaces de impresionar como lo hacen a observadores de los más variados contextos, es porque se aúnan en ellas tanto la belleza plástica y la experimentación estética, como la presencia de formas que son universalmente aceptadas como símbolos.
Cual si fuera un moderno "tlacuilo", un ilustre pintor de códices de ésta época, o un "Binigulaza" redivivo, el artista actúa como difusor de antiguas tradiciones bajo revolucionarias formas, como privilegiado nexo entre conceptos del arte prehispánico y las más audaces tendencias vanguardistas.
La misteriosa obra de Francisco Toledo se constituye así, como los mágicos relatos literarios del inframundo de Juan Rulfo o Efrén Hernández, en una expresión excelsa y contemporánea de los más profundos mitos de la mexicanidad.
Su pintura puede interpretarse como una apasionante metáfora del estado actual de ese fragoroso encuentro entre grandes civilizaciones que tiene a México como privilegiado escenario hace ya 500 años.
oaxaca en vida
Es uno de los estados más ricos, tanto en cerámica como en textiles. Su gente es mayoritariamente indígena, muy orgullosa de sus tradiciones, lo cual contribuye a preservar desde hace siglos, su acerbo cultural.
Si bien fueron incorporando a lo largo de los años nuevas técnicas en sus productos, la gran mayoría son de origen prehispánico.
Textiles: hay más de 70 trajes indígenas diferentes que corresponden a distintas etnias: chinantecos, mazatecos, yalaltecos, amuzgos, mixtecos, triques, huaves, zapotecos, mixes, por nombrar algunos.
Cada grupo sigue haciendo sus trajes y usándolos. Los diseños varían de etnia en etnia, de tejedora en tejedora y de bordadora en bordadora. Suelen ser pájaros, flores, hojas, abstracciones, en colores fuertes y brillantes o en blanco. Pueden estar hechos en técnica de “brocado”, “punto cruz” u otras. Se confeccionan en algodón o lana, en telar de cintura o de pie.
Huipiles, blusas, rebozos, camisas, enaguas, faldas, fajas, tapetes, sarapes, colchas, manteles, servilletas, son algunos de los tantos productos.
Si bien fueron incorporando a lo largo de los años nuevas técnicas en sus productos, la gran mayoría son de origen prehispánico.
Textiles: hay más de 70 trajes indígenas diferentes que corresponden a distintas etnias: chinantecos, mazatecos, yalaltecos, amuzgos, mixtecos, triques, huaves, zapotecos, mixes, por nombrar algunos.
Cada grupo sigue haciendo sus trajes y usándolos. Los diseños varían de etnia en etnia, de tejedora en tejedora y de bordadora en bordadora. Suelen ser pájaros, flores, hojas, abstracciones, en colores fuertes y brillantes o en blanco. Pueden estar hechos en técnica de “brocado”, “punto cruz” u otras. Se confeccionan en algodón o lana, en telar de cintura o de pie.
Huipiles, blusas, rebozos, camisas, enaguas, faldas, fajas, tapetes, sarapes, colchas, manteles, servilletas, son algunos de los tantos productos.
Alfarería: la más característica es la de “barro negro”, de San Bartolo Coyotepec, que debe su color a una manera muy peculiar de quemado: en un momento determinado de la cocción se sella herméticamente el horno, produciendo una atmósfera de reducción del oxígeno, por lo cual el color rojo original del barro se transforma en negro. Posteriormente se pulen (bruñido) las piezas para darles brillo. Se confeccionan a mano, sin torno. Las piezas más características son los cántaros con forma de globo sin soporte o pedestal (se apoyan sobre un anillo de carrizo para darle estabilidad), ollas, apaxtles, figuras de animales, pichanchas (ollas con perforaciones para colar el nixtamal), lámparas, sirenas y otros objetos.
En Ocotlán de Morelos se hacen piezas de barro modelado y policromado, representando escenas de la vida cotidiana, árboles de la vida y nacimientos.
Hojalata: esta hermosa expresión del arte popular lo encontramos en la enorme variedad de piezas navideñas pintadas a mano con anilina, como así también juguetes y otros adornos, en los cuales encontramos figuras ingenuas de muy buen gusto.
Herrería: los trabajos en rejas de balcones, puertas y ventanas son únicos en este estado. Lo son también todos los herrajes de puertas y ventanas. Si bien es semejante a los trabajos de otros estados, éstos tienen un estilo propio y definido.
Metalistería: este arte que se hace desde 1750, tiene dos exponentes destacados: Ejutla y Ocotlán de Morelos. Se forjan allí exclusivos cuchillos y machetes, muy adornados y con escritos (leyendas) en sus hojas. Las empuñaduras, con un marcado estilo colonial, en estas piezas suelen ser de hueso, pata o asta de venado.
Madera: los trabajos realizados con este material tienen una fuerte influencia española de la época colonial sobre todo en las vírgenes talladas, los cofres, los arcones, y los muebles y armarios
Herrería: los trabajos en rejas de balcones, puertas y ventanas son únicos en este estado. Lo son también todos los herrajes de puertas y ventanas. Si bien es semejante a los trabajos de otros estados, éstos tienen un estilo propio y definido.
Metalistería: este arte que se hace desde 1750, tiene dos exponentes destacados: Ejutla y Ocotlán de Morelos. Se forjan allí exclusivos cuchillos y machetes, muy adornados y con escritos (leyendas) en sus hojas. Las empuñaduras, con un marcado estilo colonial, en estas piezas suelen ser de hueso, pata o asta de venado.
Madera: los trabajos realizados con este material tienen una fuerte influencia española de la época colonial sobre todo en las vírgenes talladas, los cofres, los arcones, y los muebles y armarios
Hacen también piezas de adorno bordadas con lana formando figuras caprichosas, imaginarias o de la flora y de la fauna de la región. Se confeccionan también sombreros de estilo vaquero. Otras fibras, como el ixtle, sirven para confeccionar hamacas, sogas muy fuertes, bolsas para el mandado, morrales, sandalias y mucho más
Graffiti ¿ arte o vandalismo?
En lo que cotidianamente vemos en las calles estan esas formas coloridas llamadas graffitis, las cuales han llegado aser tanto como todo un arte pero tambien como dice la sociedad un crimen,
En cuanto a la legalidad o ilegalidad de esto me queda decir que en cuanto a esto es sin duda un arte y como muchas cosas tiene eso especial que en este caso es lo ilegal en nuestro ambiento puedo decir que la ilegalidad en el graffit es parte del arte y apesar de los problemas que ocaciona se seguira asiendo por el hecho de ser arte.
martes, 19 de octubre de 2010
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
